
Hola de nuevo.
Hoy me gustaría publicar un texto que, en realidad, no es mio, sino de un amigo que tuvo la ¿suerte? de vivir ciertas experiencias que pocos de nosotros vivirá en toda su vida.
El tema principal es Palestina y las injusticias que ocurren allí a nuestras espaldas. Y digo "a nuestras espaldas" por la censura que ejercen los gobiernos sobre los medios de comunicación que supuestamente nos "informan" sobre el mundo en el que vivimos.
Se trata de una especie de diario y, por lo tanto, de una opinión personal e íntima. Pero será mejor que deje de hablar yo, para que podais empezar con la lectura...
"Previo a mi llegada a Palestina, los nervios corroían mi estómago debido a las explicaciones que diversas personalidades cercanas al conflicto árabe-israelí me habían comunicado antes de venir. Tras toda una tarde-noche en el avión, por fin llegamos al aeropuerto de Ben Gurion. Los comentarios a bordo eran nulos debido a la posible presencia de espías pagados por la banda terrorista \'\'Israel\'\'. Más siendo así, en el tramo temporal de escala en Frankfurt, fue imposible no hacer ningún comentario sobre lo acontecido climatológicamente en el primer vuelo.
Las conversaciones eran bastante inconexas y absurdas, puesto que estábamos informados de antemano de dicha non-grata presencia.
Sentados esperando el siguiente avión, llamaron mi atención dos personas situadas la una de la otra a no más de 10m. de distancia. La primera, aparentemente tranquila y relajada. La otra, sentada, realizando incesables apuntes en un ordenador portátil que no apagó en ningún momento de la espera, ni del posterior vuelo.
Por fin llegamos, desembarcamos, y nos dirigimos por la pasarela hacia las aduanas. En una longitud de no más de quinientos pasos, fui retenido tres veces para un posterior interrogatorio. También citar el incomprensible silencio que nos rodeaba en Frankfurt y la algarabía hebrea que nos acompañó por los pasillos nada más salir del avión.
Finalmente, conseguimos salir medianamente airosos del aeropuerto. Tras media hora en el taxi, con los nervios contenidos en todo mi cuerpo, me abordó el miedo en mi primer contacto con un checkpoint, en mi primer contacto con el muro, en mi primer contacto con la más absoluta vergüenza. Un niño, de aproximadamente diecisiete años de edad, auspiciaba la base que separaba una demagógica civilización recientemente creada, de un pueblo oprimido, de un pueblo con dignidad, de un pueblo con historia, de un pueblo con cultura, de un pueblo de sinceridad, de un pueblo de personas. Su gesto era rancio, medio dormido, cansado. Características que no le separaban de su atención al fusil que a su derecha una pared sostenía. Pidió identificación y con sus legañosos ojos miro cada uno de los pasaportes. Los devolvió, entramos, y finalmente conseguí sentirme de nuevo como en casa.
Aun hablando de las cuatro de la mañana, mis ojos parecían linternas, era una situación indescriptible: había conseguido entrar en uno de los estados Palestinos que aun mantiene una soberanía, soberanía amedrentada, soberanía controlada por los fusiles, soberanía vigilada por los puestos de control israelíes que se encuentran en los puntos más altos de las colinas, soberanía entre paréntesis.
Pasaron algunos días. Nuestra visita, aun siendo casi en su totalidad de carácter turístico, no nos negó ver de completa manera la situación social de los Palestinos. Tanto tratándose de visitas a pueblos como de visitas a templos religiosos, la opresión a la que te sientes sumido es abrumante. Quizás el mundo viva una dictadura capitalista total y aun siendo las comparaciones odiosas, se puede llegar a comprender sobre el terreno, el nivel de democracia del que goza cada estado en pleno siglo XXI.
La experiencia del estado español en cortar libertad es por todos bien sabida. Puedes llegar a pensar, pero no a hablar. Quizás puedas hablar, pero no a actuar. Y si llegas a actuar, te hacen un plan de vivienda en un complejo residencial a las afueras de Madrid. En Palestina, las fuerzas de ocupación pueden llegar a controlar hasta tu reloj biológico. Seas Palestino o seas de cualquier otro lugar del mundo. Y por supuesto, olvídate de pensar, puesto que el plan de vivienda que te plantean, es para la totalidad de tu vida, y si tienes fe en cualquier religión, para todas las posteriores, el día del juicio y la posterior reencarnación.
Las noticias respecto a la situación en ambos territorios Palestinos, día tras día se tergiversan. No puedes llegar a comprender en ningún momento la situación que se vive. Día tras día esta cambia. Mientras hacía unas compras en el mercado central de Betlehem, pude ver en una televisión la reunión entre Mahmud Abbas (Primer ministro Palestino) y un ministro del gobierno de Olmert. Me explicaron que dicha reunión significaba un paso muy importante hacia la justicia, la democracia y la paz entre ambas partes. Pero a no mas de 30 Km. de donde vi lo sucedido, noche tras noche, escuadras del ejército israelí entran en diversas poblaciones provocando demoliciones de casas, retenciones y muertes. En un periodo no mayor de dos semanas, construyen asentamientos para un numero inferior a veinte familias judías y su correspondiente edificio militar. A occidente llega la noticia de un gran muro de aproximadamente 800 Km. de longitud que rodeara el perímetro de la frontera Cisjordania. Pero lo que no es tan acrecentadamente sabido, es que dentro de ese muro, los israelíes construyen a su vez otros muros, formando auténticos ghettos. Poblaciones como Jenin o Nablus, superiores al número de 150.000 habitantes, se ven precintadas por el miedo, por el miedo a la verdad, por el miedo a la balanza de la justicia, por el miedo a la libertad.
Otra gran mentira a la que los medios de \'\'información\'\' occidentales nos tienen sumidos, es el tema de los mártires pertenecientes a grupos extremadamente religiosos.
Pude ver con mis propios ojos multitud de carteles que llevaban la imagen de personas (aproximadamente entre cinco y cuarenta años de edad), vestidos con uniforme militar y portando un arma de gran potencia. Mas tarde me explicaron que era un gran error de la civilización y cultura día el representar a los asesinados de dicha manera. Me acerque más y pude contemplar que es cierto, todas los carteles son auténticos fotomontajes. Esos niños, adolescentes, jóvenes y adultos han sido no solo asesinados vilmente, sino también torturados y masacrados física y mentalmente.
Según paseaba por Nablus, escuche el testimonio sobre un chico de veinte años de edad, cuya foto estaba situada en la puerta del hogar de sus padres. Era un estudiante de la universidad de Jenin, desde que adquirió su primer teléfono móvil y su familia instalo un teléfono en casa, no paraba de recibir amenazas diarias, que llegaban de los soldados situados en el campo militar más cercano a su casa. Él quería seguir adelante con su vida, aun sabiendo de su cuestionado futuro.
Las llamadas eran constantes, y el mensaje seguía siendo el mismo: "tu vida va a llegar a su fin, ¿estas preparado?" Pasaron unos días sin que recibiese ninguna llamada y, finalmente, hace tres semanas lo llamaron por última vez. "¿Te acuerdas que te dijimos que tu hora llegaría pronto?", le dijeron. "Si", respondió el. "Pues que sepas que ya no te vamos a molestar mas, esta noche es tu día", le volvieron a decir. El chico colgó y sin ponerse muy nervioso continuo su día hasta que finalmente, a las 02.00 de la madrugada del siguiente día, cuatro soldados entraron en su casa y lo acribillaron a balazos.
La situación de todos los adolescentes Palestinos en las zonas con acrecentada resistencia es semejante. Saben que su muerte puede llegar en cualquier momento y en cualquier punto de la ciudad. Pero su dignidad se compone y fragua en eso. Si no los matan, pueden matar o, en el mejor de los casos, secuestrar a sus familias o derruir sus casas. Y aun así, día tras día reconstruyen sus viviendas, siguen acudiendo a la universidad, siguen haciendo vida social, llendo a rezar a la correspondiente mezquita de su pueblo, abriendo al público sus negocios, llendo a cafés, restaurantes o baños turcos.
Después de contemplar la situación tanto en Jenin como en Nablus, fuimos de vuelta a nuestra residencia habitual en Beit Sahour. La distancia de Nablus hasta el último pueblo citado no es mayor de 30 Km., pero no deja de estar llena de obstáculos, lo que traducido a lenguaje horario, son más de dos horas y media de viaje. Aproximadamente entre seis y ocho checkpoints para ir abriendo boca, y como plato fuerte, carreteras de un solo sentido con una inclinación de mas del 20%, todas estas con una separación de menos de 30m. entre baches y hoyos, aderezadas con puñados de arena que dificultan un tanto más la conducción. Por otro lado, las carreteras con única preferencia para colonos judíos, donde no llegan a pasar más de dos mil coches diariamente.
Se pueden contemplar en estos largos viajes, las áridas mesetas palestinas, los campos anteriormente cultivados sin ningún beneficio vegetal, vertederos de vida. Y sin embargo, alrededor de los asentamientos, floridos jardines, piscinas y algún que otro campo de recreo. No sólo ocupan su tierra, sino que se hacen los dueños de todos los bienes naturales y minerales de cada rincón. Utilizan dichos bienes para uso restringido entre sus comunidades, mientras que la población Palestina tiene que desplazarse durante horas (o incluso días) a hacer cualquier tipo de compra -pudiendo ser esta, tirada por los suelos o robada por los soldados de los checkpoints-.
Volviendo de nuevo al tema de los mártires, no vamos a negar la evidencia, existen y están presentes. Pero no, no son ningunos locos y tampoco les han inculcado a sangre y fuego la idea de morir por un dios posiblemente inexistente.
Al igual del caso del chico anterior, los mártires no sobrepasan la juventud, son estudiantes universitarios o trabajadores, tienen su grupo de amigos y posiblemente una pareja con la que piensen casarse. Pero los testimonios que allí escuché no es más que una revelación a mi teoría de que todo problema no viene por sí sólo, sino que al igual que los árboles, tiene su raíz, su tallo y sus ramificaciones. Un chico que decide llegar al punto de colocar en su estomago un cinturón bomba no es precisamente por preferencias o gustos, aunque suene muy duro el así decirlo. Ese chico tiene en su memoria la muerte de sus padres, la muerte de sus hermanos, la demolición de su casa, torturas a sus amigos o vecinos, ríos de sangre sobre los pasillos de su casa y en las calles de su ciudad, y quizás sobre su espalda recaen amenazas diarias. Sabe perfectamente que su vida no es muy larga. Está desesperado, y si, como todo ser humano, puede tener sed de venganza.
Como conclusión, una pregunta: ¿Qué preferirá ese chico? ¿Morir en vano o intentar salvar el honor de su familia, cuando la ha visto morir de manera cruel? ¿Preferiría morir en el salón de su despojada casa, desangrándose como sus familiares, o lo preferiría hacer en un lugar donde pueda hacer daño a la raíz que desemboca en sus problemas? Yo personalmente, lo tengo muy claro.
Puede parecer de locos, pero es una muy digna manera de luchar por la libertad de tu gente, de los tuyos, de tu pueblo. La población Palestina, es una población muy cálida, familiar, un muy bello pueblo. Como dije al principio, con su Cultura, su Historia, sus Tradiciones, y por supuesto, sus ansias de conseguir la Paz.
Los Cristianos y Musulmanes, como todos sabemos, han mantenido continuas luchas durante siglos, con el fin de conseguir territorios y poder alrededor del mundo. Por el contrario en Palestina, dichas creencias se han unido por manos de su gente, y aun ahora, tras casi cincuenta años de lucha, siguen resistiendo con su arma mas potente. La Dignidad. Viva Palestina Libre!"
Álvaro Herraiz.
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